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martes, 6 de abril de 2010

La era del jet llega a Chile: Vampires & Shooting Stars en la FACh

Por Danilo Villarroel Canga


En esta ocasión les ofrecemos un adelanto de la esperada nueva publicación de nuestra Editorial. El libro en si tiene como protagonistas a los primeros reactores con que contó la FACh y consta de tres partes. En esta presentación obviamos la primera parte introductoria para pasar de lleno a sintetizar el paso por los cielos chilenos del primero de ellos: el biplaza De Havilland DH-115 Vampire y sus distintas variantes que operaron por estas tierras. Solo un par de años después el versátil T-33, derivado del afamado F-80C llegaría a las filas de la FACh, por lo que en nuestra próxima entrega les ofreceremos el periplo de los jets Lockheed en Chile.
A pesar de ser un resumen, este artículo ya tuvo la distinción de ser publicado en el prestigiado Boletín Anual del MNAE (Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio) en su edición Nº 8 de julio de 2009.

                                                                                                                        El Editor

EN LAS ALAS DEL VAMPIRE
A 55 AÑOS DE SU PRIMER VUELO EN CHILE

Por Danilo Villarroel Canga


El Vampire y el Grupo 7
El análisis y decisión que culmi­naron con el arribo del Vampire a la FACh, tuvieron como telón de fondo el incuestionable cúmulo de nuevos antecedentes que la amarga lucha en la península co­reana arrojaba sobre la forma de conducir la guerra aérea, sumado a la renovación con jets de varias flotas en Latinoamérica y matiza­do por varios hitos históricos sucesivos, como la notoria visita de una escuadrilla de bombarderos a reacción Canberra de la RAF, du­rante la toma de mando del pre­sidente Carlos Ibáñez del Campo en noviembre de 1952.

E.E. Canberra en Los Cerrillos en noviembre de 1952 durante la toma de posesión del mando del presidente Carlos Ibáñez del C.
Como así también el paso de una delegación invitada de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) con Gloster Meteor IV durante la parada militar de 1953, hechos todos que contribuyeron al más firme convencimiento del Alto Mando de la FACh y el gobier­no chileno sobre la necesidad de contar a la brevedad con reactores en su línea de vuelo.

Gloster Meteor MK.4 FAA en Los Cerrillos durante su visita oficial y pase en la Parada Militar de 1953 (Gentileza Arch. A. Jiménez & Hijos).
Sin embargo, como contraparti­da, la negativa estadounidense a ceder tales aparatos durante la visita del entonces Coman­dante en jefe de la FACh General Armando Ortiz R. a EE.UU. en junio de 1953, dio pie al inicio de negociaciones con Inglaterra. Entretanto el mismo General Ortiz había viajado en julio a Argentina, acompañando al pre­sidente Carlos Ibáñez, ­imponién­dose en persona del potencial aéreo con que contaba la FAA y solicitó derechamente la posibili­dad de que algunos oficiales chilenos fueran instruidos en Gloster Meteor, petición que más tarde fue aceptada por el gobierno ar­gentino. La citada Parada Militar de septiembre de 1953 sirvió para demostrar a los pocos escépticos que quedaban en círculos nacio­nales, el retraso tecnológico en que se encontraba nuestra Fuerza Aérea y la notoria inferioridad bélica de los aviones AT-6, B-25J y P-47 presentados aquel día.
Ahora bien, el nuevo escenario dado por la citada exclusión estadounidense desembocó el 21 de octubre de 1953 en una orden de compra en Inglaterra por cinco aviones monorreactores nuevos De Havilland DH-115 (designa­ción de exportación TMk-55), los cuales serian asignados al Grupo de Aviación Nº 7. El con­trato estipulaba entre otros “que los aviones contaran con capota (carlinga) modernizada de gran visibilidad, sistema de calefacción y refrigeración de cabina, imple­mentación de dos miras giroscó­picas Ferranti MK IVE con meca­nismo retractable por avión, una cámara registradora por avión (magazine), dos equipos VHF por avión (STR-9X), estanques des­prendibles de 100 galones, porta cohetes (MK8) y portabombas (EM/EF)”, además del desarme, embalaje y entrega FOB en puerto inglés. También se detallaba una provisión de repuestos para la operación de los aviones por un lapso de dos años. Respecto del pago, se acordó que el 25% sería cancelado al momento del la firma del contrato y el resto antes del 15 de abril de 1954. El contrato, sin embargo no contem­plaba los cañones de 20 mm., por lo que inicialmente fueron implementados con armamento ficticio de un peso simi­lar a los reales, a modo de lastre para mantener el adecuado balance del avión.
Paralelamente, se concretó la invitación del Gobierno argen­tino para que un grupo de ofi­ciales fuera destinado a ese país a fin de realizar el curso de fami­liarización y vuelo en reactores “Gloster Meteor”. Esta comisión, cuyo destino era la base aérea de Morón iba liderada por el Ca­pitán de Bandada Humberto Tenorio I., junto a él viajaron los Capitanes Carlos Uribe H., Carlos Sothers M. (ingeniero) y los Te­nientes Silvio Girardi A. y Carlos Arredondo G. Con esta iniciati­va, el 26 de septiembre de 1953, se puede decir sin lugar a dudas que “la era del jet se iniciaba en Chile”.
Posteriormente, el 19 de octubre de 1953 y ciñéndose a las cláu­sulas del contrato de compra se despachó a la localidad de Hatfield en Inglaterra, un segun­do grupo de oficiales y suboficia­les para realizar tres diferentes cursos: pilotaje, especialización y mantenimiento. A cargo de esta segunda dotación de la era del jet se designó al Comandante de Escuadrilla René Ianiszewski C., quien para entonces se desem­peñaba como Comandante del Grupo de Bombardeo Pesado N° 8 con asiento en Quintero. Una vez que arribaron a Inglaterra, los 11 hombres de la FACh se avocaron a sus respectivos entrenamien­tos lectivos y prácticos. El curso de pilotaje duró tres meses y lo realizaron, además el Coman­dante de Escuadrilla Humberto Magliocchetti B. y el Capitán de Bandada Claudio Sepúlveda D.
Tanto las practicas de vuelo en Gran Bretaña, iniciadas el 4 de enero de 1954, como los exáme­nes finales correspondientes, fueron efectuados íntegramente en el Vampire J-01, el primero de los aviones que fue armado y testeado por los ingenieros chile­nos miembros de la delegación. Asimismo, los tres oficiales pilotos tuvieron la oportunidad de volar el caza monoplaza “Venom” de la RAF (evolución mejorada del Vampire, con turbina Ghost más potente), en el cual cada piloto totalizó un promedio de dos horas de vuelo.
Al mismo tiempo, el curso de es­pecialización que duraba cuatro meses, lo efectuaron los inge­nieros Capitán de Bandada Nino Bianchi G., más los Tenientes 1º Hernán Barría L. y Orlando Gutiérrez B. Estos oficiales iniciaron primero un curso de elec­tricidad e instrumentos, proceso que culminó el 18 de diciembre. Luego pasaron al conocimiento práctico de los instrumentos del avión en los talleres de Hatfield, para enseguida aprobar satisfac­toriamente el curso de familiari­zación general del avión Vampire, el cual concluyó el 29 de enero, enseguida iniciaron el curso relativo al motor Goblin.

Finalmente, el curso de manteni­miento, que duró cuatro meses, lo efectuaron los Sargentos 1º Ricardo Toledo B., José Arévalo A., Luis Alfredo Miranda, el Sar­gento 2º José Antonio Salinas y el Cabo Juan Munizaga C. El per­sonal de mantenimiento realizó además, durante tres semanas, un curso teórico de aviones seguido las dos semanas siguientes por el curso en turbinas Goblin. Luego tuvieron la oportunidad única de trabajar durante tres semanas en la línea de montaje y armado de aviones Vampire en la fábrica de Havilland en Chester.
El personal FACh comisionado a Inglaterra terminó sus activi­dades el 15 de febrero de 1954 y unos días después retornaron a Chile, excepto el Comandan­te Bianchi que debió quedarse hasta mediados de mayo pues era el encargado de recepcionar todos los aviones. Una vez en nuestro país, el 25 de febrero de 1954, fue designado formalmente Comandan­te del Grupo N° 7 el Comandante Ianiszewski. Semanas después se destinó a la misma unidad a 12 de los participantes de ambos cursos (Inglaterra y Argentina). Con respecto de los seis Subofi­ciales especialistas instruidos en Inglaterra, todos fueron ratifi­cados en el Grupo N° 7, quedando constituida entonces la primera dotación de oficiales y suboficia­les del naciente grupo de caza en Los Cerrillos, Santiago.
Dicha unidad, donde los Vampire tendrían su primer hogar en Chile, fue creada en una fecha tan temprana como 1949, pensada originalmente para operar en las nuevas y estratégicas instalaciones de Cerro Moreno, mucho antes de que se definiera cual seria el nuevo tipo de avión que allí operaria. Dicha base aérea estaba en construcción y debía quedar lista para 1953. Sin embargo, el grupo Nº 7 solo lo era en el papel, pues la unidad no contaba aún con aviones disponiéndose solo de vehículos terrestres, un oficial ayudante de su primer Comandante (Alfredo Lavín R.) y personal administrativo. De hecho la única aeronave era un monomotor de enlace Vultee BT-13.

Sin embargo, todo esto cambió cuando el Comandante Ianiszewsky regresó a Chile y asumió el mando del grupo, lo cual también coincidió con la oficialización de la ubicación y jurisdicción de las unidades de la FACh, documento publicado el 19 de marzo de 1954, que indicaba claramente que el Grupo Nº 7 de caza y defensa se asentaría en breve tiempo más con sus Vampire en Cerro Moreno junto al Grupo de Caza Nº 11 (P-47) y que ambas unidades cumplirían la labor de barrera disuasiva en la zona norte, encuadradas bajo la jurisdicción de la recién creada Ala Nº 1. No obstante, diversos factores impidieron la realización de este plan inicial y ninguna de estas dos acciones se llevó a cabo.
Finalmente, el trasladado al norte resultó ser el Grupo Nº 8, el cual comenzaría en la aún desolada base una ilustre y casi mítica trayectoria, sepultando así la idea de trasladar los nuevos jets hacia las nortinas arenas de Antofagasta.

El primer vuelo de un DH-115 en Chile


Los nuevos jets llegaron silen­ciosamente a Chile vía marítima embalados en cajones. Se comen­zaron a ensamblar escalonada­mente, desde el 4 de abril de 1954 en uno de los hangares de la an­tigua fábrica de aviones Curtiss ubicada en Los Cerrillos, conver­tida entonces en la maestranza de la Línea Aérea Nacional.
Luego de 25 días de arduo traba­jo, bajo la supervisión de los ingenieros británicos Bill Tull y Jeffrey Whitton, fue posible terminar el armado del Vampire J-03 y una vez realizadas las verificaciones funcionales de rigor quedó listo para iniciar las pruebas de vuelo. Este tipo de aeronaves con motor Goblin, requerían como combustible una mezcla de keroseno y Varsol.

El Vampire J-03, primer reactor en volar bajo las enseñas de la FACh en cielos chilenos.
El 28 de abril de 1954 George Errington (piloto de pruebas de De Havilland), despegó a los mandos de este avión efectuando un vuelo de aceptación que duró una hora.
Al día siguiente Errington decoló nuevamente, ahora acom­pañado del comandante René Ianiszewski C., esta vez el vuelo duró 1 hora y 40 minutos, permi­tiendo al oficial chileno efectuar el repaso correspondiente tras dos meses y medio sin volar dicho aparato. Ese día 29 de abril, por primera vez un jet de la FACh surcó los cielos chilenos guiado por un piloto de la institución.


El comandante René Ianiszewski C., primer "piloto jet" en Chile.
Al día siguiente, 30 de abril, con la confianza en el óptimo funcionamiento del J-03, Ianiszewski se decidió por un primer vuelo “solo”. Tras efectuar el check de prevuelo el oficial de 37 años se dirigió hacia el cabezal de la pista en espera de la respectiva au­torización, luego tras un despe­gue normal, sobrevoló Santiago por 1 hora y 5 minutos. Nos imaginamos las grandes emo­ciones que debió experimentar René Ianiszewski durante este su primer vuelo solitario sobre la capital. Más tarde, cuando el Comandante del Grupo N° 7 aterrizó con el menudo reactor inglés en Los Cerrillos, los sones de ninguna banda o alta comisión al mérito lo esperaban, pero sa­bemos efectivamente que a pesar de lo discreto del hecho, la FACh había comenzado una nueva era, la que con el tiempo se ha visto co­ronada de grandes éxitos y logros.
El resto de los aviones fueron armados y entregados parcela­damente al Grupo N° 7, eso si el equipo de especialistas e inge­nieros con ahora más practica y destreza tardaron menos tiempo, el último de los cuales se armó sólo en 8 días. En la medida que los aviones fueron recepcionados en la unidad, los pilotos calificados en Inglaterra comenzaron las labores de reentrenamiento de vuelo hasta alcanzar un óptimo nivel. Condición que, por razo­nes obvias, resultó un poco más lenta en los oficiales instruidos en Argentina.

Infortunadamente, cuando dicho proceso dio inicio, la calidad de avión de primera línea del DH-115 en la FACh ya estaba sen­tenciada. En efecto, en enero del mismo 1954 EE.UU. había imple­mentado una gran gira demostra­tiva de sus propios jets, encabeza­da por el team acrobático oficial de la USAF los “Thunderbirds” y a su paso por Chile las autoridades estadounidenses anun­ciaron la liberación de material Lockheed para la FACh a través del Programa Ayuda Militar (PAM), aún cuando las razones que motivaron su inicial negativa, siete meses antes, no habían cam­biado sustancialmente. Prueba de ello era que aún los Vampire estaban restringidos a operar sólo desde pistas pavimenta­das con un largo no inferior a 1200 mts., de modo que Los Cerrillos y Quintero eran las únicas bases por aquel enton­ces que cumplían tal requisito. En tanto que El Bosque y Colina –ideales por su ubicación– no eran alternativa pues sus pistas no estaban pavimentadas aún. Con respecto a posibles des­pliegues hacia el norte, la nueva base de Cerro Moreno tampo­co era elegible porque su pista aún estaba en construcción y además se requería disponer de pistas intermedias adecuadas –que no existían– para casos de emergencia.
Con este limitado panorama y con los aviones operando desde las instalaciones del Grupo N° 10 en Los Cerrillos, el Alto Mando estimó prudente, los primeros días de septiembre de 1954, dis­poner que pilotos y personal de mantenimiento pasaran en cali­dad de agregados a aquel grupo de transporte para facilitar el or­denamiento administrativo, mientras se buscaba solución a los pro­blemas de infraestructura en el norte. Sin embargo, tal situación terminó, como ya sabemos, con el Grupo N° 8 destinado a Cerro Moreno, de modo que los DH-115 continuaron operando habitual­mente desde Los Cerrillos, aero­puerto que se transformaría en su hogar. Al mismo tiempo estos reactores comenzaron a ser llama­dos Vampiros (más que Vampire) por las tripulaciones y además fueron jocosamente apodados como “los colchones”, debido a que estos jets eran empleados so­lamente en días de buen tiempo pues carecían de radiocompás, imprescindible para operar en condición de vuelo instrumental, lo cual originó su apodo, puesto que eran sacados de los hanga­res únicamente cuando había días soleados.
En esta misma época, 7 de sep­tiembre de 1954, es cuando se pierde el Vampire J-03 a consecuencias de un spin plano invertido, situación en la que afortunadamente y a pesar de la carencia de asiento eyectable, su piloto logró salir de la cabina y lanzarse en pa­racaídas, resultando ileso. Tres años después fue incorporado un sexto aparato (J-304) para cubrir la pérdida del J-03. Se trató de un avión demostrador de la fábrica De Havilland matrícula G-AOXH, que venía dotado de asiento eyector y un nuevo radiocompás ADF Marconi, equipamiento con el cual no contaban los Vampires chilenos.


En 1956 los Vampire continuaban siendo las únicas aeronaves a reacción en la FACh, hasta que en octubre de ese año se recibieron los cuatro pri­meros aviones Lockheed T-33A. A contar de esa fecha, los reactores británi­cos comenzaron a quedar paulati­namente en segundo plano debido a las notorias mejores prestacio­nes de los jets norteamericanos. La situación operacional para los DH-115 no mejoraría con el tiempo y al contrario, con la llegada de los F-80C en 1958, definitivamente sus horas de vuelo se reducirían drásticamente. En mayo de 1957 procedió la renumeración de la mayor parte de los aviones de la FACh, recibiendo los Vampire las matrículas J-300 al J-304. La matrícula J-304 le fue otorgada al recientemente adquirido Vampire G-AOXH, que la fábrica De Havilland ofreció a la FACh y cuya transacción se valorizó en 42.500 libras esterlinas.
En 1963 se produjo un punto de inflexión para los Vampire, el año anterior habían sido inspeccio­nados a fondo con resultados sa­tisfactorios, pero ahora un nuevo problema hizo crisis; sus casi diez años de operación arrojaban gran deterioro en los sistemas de retrac­ción de los trenes de aterrizaje, los cuales necesitaban pronta e inelu­dible reparación. Por este motivo y ante el alto costo que significa­ba adquirir los repuestos necesarios se determinó dejarlos fuera de vuelo. Como contrapartida la abrumadora ventaja operativa del binomio F-80/T-33, con repuestos más baratos, hizo que se insinuara su probable baja de la FACh.
Sin embargo y debido a las pocas horas de servicio que tenían, se reconsideró la medida y se optó por adquirir los kits de re­paración, permitiendo así una segunda oportunidad para los DH-115. Los Vampire continua­ron en vuelo, aunque con redu­cidas horas en el aire, hasta que el año de 1965 traería consigo un cambio permanente en la vida de estos jets. Debido a que el Grupo N° 7 operaba dos tipos de aviones –con muy diferentes sistemas– se hacía poco práctico y antieconó­mico seguir empleando tanto los Shooting Star como los Vampire, por lo que el Alto Mando de la FACh estimó prudente redestinar definitivamente a estos últimos a otra unidad cuya infraestructura y medios humanos pudiera reci­bir sin inconvenientes al peque­ño grupo de reactores, que hacía largo tiempo no eran indispensables en la capital.
Así, y luego de un simple aná­lisis resultó que el Grupo N° 8 en Cerro Moreno, Antofagasta, cumplía con todos los requisitos, vale decir clima, instalaciones y posibilidades reales de mante­nimiento de línea y de campaña, faltando sólo los equipos y espe­cialistas para el mantenimiento de los reactores. La otra alter­nativa que en un principio tuvo grandes posibilidades era Punta Arenas, pero el gélido factor cli­mático preponderante en la zona hizo desistir de esta posibilidad. Irónicamente los DH-115, tras operar solo 2.600 horas en total en Santiago, arribarían entonces al sitio donde se había previsto originalmente su primer servicio en el Grupo N° 7.

Sobre las arenas de Antofagasta

El 14 de febrero de 1965 la vida operacional de los Vampire dio un significativo giro, al hacerse efecti­va la transferencia de los cinco jets al Grupo N° 8 en Cerro Moreno, unidad al mando del Comandante de Grupo Eduardo Sepúlveda M. y equipada a la fecha con 18 Douglas B-26 “Invader”. La emoti­va ceremonia de recepción incluyó la bendición de los reactores sobre la losa frente al hangar asignado al citado grupo.
Ceremonia de recepción y bendición de los jet Vampire en Cerro Moreno.
Esta nueva asignación de aero­naves y con diferente tipo de pro­pulsión que los Invader, obligó al Grupo N° 8 a reorganizar el orden administrativo de su escuadrilla de combate subdividiéndola en dos; una escuadrilla con los bi­motores B-26 y otra compuesta exclusivamente con los DH-115, esta última pasó a denominarse como “Escuadrilla Vampiro”.

A contar de ese momento, la unidad nortina rompió con su tra­dicional composición (contando desde su fundación) de operar solo bombarderos convencionales (B-25 y B-26), iniciando una sin­gular directiva de trabajo e ins­trucción que en­contró a oficiales realizando hasta tres cursos de vuelo diferentes al mismo tiempo, esto es en B-26, DH-115 y C-45, provocando las dificultades lógicas en una plani­ficación mixta como esta.

El J-304 aún con su librea RAF, portando la insignia del Grupo N° 8, por años el único Vampire de la flota FACh en poseer asientos eyectables.
Bajo el alero de este nuevo grupo operativo y portando ahora la insignia de la bomba alada, los Vampire comenzaron a desa­rrollar un creciente y gradual número de labores. A diferencia de las misiones efectuadas durante la permanencia de estos jets en el Grupo N° 7, que fueron clasificadas como de acrobacia, instrumentales y de navegación de corto y largo alcance, en esta nueva unidad además se comen­zaron a efectuar maniobras de vuelo a bajo nivel, persecución, y a partir de 1968 entrenamiento de combate, tanto en el polígono de la base como en otras locacio­nes programadas para tal fin.
A través del tiempo fue habitual observarlos no solo realizando ejercicios de tiro en el polígono, sino que apoyo estrecho en ma­niobras con el Ejército e interac­tuando en ejercicios de desem­barco realizados por la Armada en diferentes sectores. Si bien al principio siguieron usando el esquema aluminio que los ca­racterizó en la zona central, des­pués recibieron un camuflaje tipo desértico, con el cual son más recordados por el común de las personas. Vistiendo esa librea ocre marrón es que los Vampire se hicieron parte vital del paisaje de Cerro Moreno, como antes lo fueron los Invader en su época de oro.
Así, para principios de enero de 1973 los DH-115 acumulaban ya 3.580 hrs. de vuelo en el Grupo N° 8, acusando las células de los Vampire un desgaste terminal, lo que hizo tramitar su baja de la FACh, con excepción del J-301 que todavía no cumplía su límite de horas de fatiga. Paralelamente a finales de ese mismo mes se recepcionó en el puerto de Antofagasta, un embarque de diez aviones Vampire (usados y desarmados), correspondientes a mo­delos T-11 y T-22.
Esta adquisición, en la que se aprovechó una oferta de opor­tunidad, se efectuó teniendo en cuenta la urgente necesidad de contar con un avión de transición para el sistema Hawker Hunter, el cual aparte de reforzar las la­bores de instrucción de vuelo y de combate táctico podría ser usado como avión de apoyo estrecho.
Unos meses después y tras estu­dios de ingeniería basados en la documentación técnica completa del sobreviviente del primer grupo (J-301), indicaron que dicho avión necesitaba adicionalmente unas diez actualizaciones técnicas, las cuales implicaban forzosamente el cambio de piezas y partes. Dado este escenario, se optó por com­prar otro fuselaje en buen estado (sin alas ni colas) para usarlo de recambio en el J-301 una vez que este cumpliera su vida útil, esta célula se recepcionó a principios de diciembre de 1973.
La dilatada ejecución de la arma­duría de estos aviones concluyó con la entrega del J-305 a fina­les de octubre de 1974. De esta manera se contaba ahora con once aviones Vampire, todos ca­muflados, equipados con VHF, ADF y VOR además de ser artilla­dos con dos cañones de 20 mm. y cuatro de ellos implementados con portabombas y porta cohetes.
Aún así había muchas dudas con respecto al futuro de estos “nuevos” Vampire, las cuales se disiparon en el mes de noviem­bre de 1974 con la activación del Grupo N° 4, la cual se hizo efecti­va el 15 de diciembre de ese año y la subsiguiente asignación de los recién ensamblados DH-115 junto con el personal que los operaba, los cuales dejarían de pertenecer al Grupo N° 8. La otra novedad era que tan pronto como se pu­diera (se estimaba que en marzo) el Grupo N° 4 se debía trasladar a las nuevas instalaciones de la base aérea de “Los Cóndores” al sur de Iquique.

Los guardianes de Chucumata

El 26 de febrero de 1975 el recién nombrado jefe del Grupo N° 4, Comandante Sergio Contardo F., presentó el plan de traslado de su unidad desde Cerro Moreno hasta la naciente base aérea de Los Cóndores (Chucumata). En esa época dicha base contaba con un inventario de tres monomoto­res T-6, un T-41 y un L-19 usados preferentemente para labores de reconocimiento y enlace. El trán­sito de la unidad se concretó a mediados de marzo con el vuelo de los once DH-115 y el envío de todo el equipo de apoyo de línea, de mantenimiento, abastecimien­to, de instrucción, etc.
La principal tarea inicial asigna­da al Grupo N° 4 y sus Vampire (ahora con nueva insignia) fue la de instruir pilotos median­te cursos de vuelo y tácticos de transición, para que luego estos oficiales continuaran en grupos dotados con aviones Hunter.


Vampire que luce el emblema del Grupo N° 4, conformado por un Corvo y Murciélago, inspirado en el nombre de combate del Comandante Sergio Contardo F. (Corvo), que se muestra junto al avión.

Sin embargo, a poco andar dicha premisa fue variando y por di­rectiva del Comando de Combate para 1976, esta unidad debió cumplir preferentemente tareas operativas (apoyo estrecho), de­jando atrás su responsabilidad primaria como Escuela Táctica. Llamados los DH-115 –una vez más– al servicio de primera línea, implicó que comenzara un arduo y sostenido esfuerzo téc­nico para completar los sistemas de armas del jet (porta cohetes y porta bombas) e implementar una cuota de cuatro cañones por avión para poder emplearlos con un sólo piloto, aumentando su capacidad de fuego al máximo. Posteriormente, diversos facto­res impidieron la implementa­ción completa de la configuración recién descrita, por lo que final­mente se operaron con sólo dos cañones.
El 28 de abril de 1976, se debió lamentar el primer fallecimiento de tripulantes de DH-115, cuando el Teniente Luis Cabrera V. y el Subteniente Marcos Loyola V., se estrellaron durante un vuelo a baja altura en el Vampire J-308 en maniobras conjuntas con el Ejército en el sector fronterizo cordillerano de Putre, al interior de Arica.
La llegada de los nuevos Cessna A-37 para el Grupo N° 4 en enero de 1977, hizo que los DH-115 fueran quedando paulatinamente fuera de vuelo a partir de marzo de ese año, claramente sin intención de ponerlos nuevamente en servi­cio. Así, los Vampire fueron es­tacionados permanentemente a la intemperie, pues no existían posibilidades de almacenarlos en hangares. Quedaron abandona­dos, sin un tratamiento adecuado para su conservación.
Así las cosas, parecía el final defi­nitivo de los menudos jets britá­nicos, pero como veremos a con­tinuación el destino les tendría reservada una nueva misión.

De regreso a Cerro Moreno

La situación de los Vampire daría un nuevo y último giro, cuando el 8 de marzo de 1977, asumió la jefatura del Grupo N° 8 el Co­mandante de Grupo Leopoldo Porras Z. Este oficial (connotado piloto de guerra y ex miembro de Los Cóndores de Plata) apenas se hubo posesionado de su cargo, tomó nota que a pesar de que la unidad contaba con tres jets duales Hunter MK-72 para ins­trucción de vuelo, debido a la es­casez de repuestos había ocasiones en no estaba operativo ni siquiera uno. Asimismo, tenía claro conoci­miento que los Vampire del Grupo N° 4 habían sido dejados fuera de vuelo en Chucumata. Conocedor de las ventajas operativas del DH-115, solicitó resueltamente al Alto Mando que se los asignara a su unidad.
Una vez autorizada la nueva des­tinación de los veteranos reac­tores británicos, a mediados de 1977 se efectuó la transferencia de los seis aviones Vampire re­manentes desde el Grupo N° 4 al N° 8. Los desgastados apara­tos tuvieron que ser sometidos a rigurosas inspecciones antes de ser puestos en servicio. Tanto el intensivo uso, la continua in­fluencia del aire salino y su pos­terior periodo fuera de vuelo a la intemperie habían causado gran cantidad de deterioros, sin embargo todas estas dificultades técnicas fueron debidamente re­sueltas y los Vampire volvieron al aire.
No obstante, dos años después, el 24 de mayo de 1979 se produ­jo el segundo y último accidente mortal en DH-115, al estrellarse el Subteniente Hugo Fica C. en el Vampire J-311 mientras fina­lizaba un vuelo de navegación a bajo nivel.
Con fecha 31 de diciembre de 1980 se ordenó el retiro defini­tivo del noble Vampire de las líneas de vuelo, efectuándose una ceremonia de despedida oficial en Cerro Moreno. Posteriormente, el 20 de marzo de 1981 los Vampire J-305 y J-307 fueron traídos en vuelo a Santiago, siendo sus tripulacio­nes despedidas en la losa del Grupo N° 8 por el General de Brigada Sergio Contardo F.
Los pilotos que debieron cum­plir esta histórica misión fueron los Tenientes Nibaldo Jorquera D., Pedro Uhart R. más los Sub­tenientes Luís Elorza G. y Carlos Bertens U.

Los integrantes del último vuelo a su llegada a Santiago.

El vuelo a la capital tenía como destino el aeropuer­to de Pudahuel y se efectuó con el apoyo del Douglas C-47 N° 968, el cual transportaba a los mecánicos de los Vampire más un carro de par­tida. Durante el trayecto se efec­tuó una escala técnica en el aeró­dromo de La Florida (La Serena) para reaprovisionamiento de combustible. Luego el grupo llegó sin novedad a Pudahuel.
Al día siguiente, 21 de marzo de 1981 y durante la celebración del 51º aniversario de la FACh en la base aérea de El Bosque, se efec­tuó el vuelo final de despedida de estos longevos aparatos. En la oportunidad los dos DH-115 sobrevolaron en formación la solemne ceremonia para luego aterrizar en dicha base, cerran­do una hermosa etapa de nuestra historia aeronáutica iniciada casi tres décadas antes.

Hoy por hoy, se pueden contar cinco ejemplares del Vampire que perduran hasta nuestros días. Uno fue instalado como guardián de puerta en la base Los Cóndores, otro está como monumento al interior de Cerro Moreno, un tercero está en manos de particulares en La Chimba, al sur de Antofagasta y finalmente hay 2 aparatos más, preservados apropiadamente por el MNAE, donde las generaciones presentes y futuras de chilenos, más los entu­siastas de la aviación de todo el mundo se pueden poner en con­tacto con estos los primeros jets de la Fuerza Aérea de Chile.

Agradecimientos especiales a Esteban Cornejo, a Anselmo Aguilar por facilitar sus completos archivos documentales y fotográficos, y a Rodolfo Martinez por sus geniales perfiles.
Las fotografias publicadas pertenecen al MNAE, a la colección de Don Arturo Jimenez R., al diario La Nación y a los archivos del autor.

jueves, 28 de enero de 2010

55º ANIVERSARIO DE LA LLEGADA DE LOS B-26 A CHILE.

por Danilo G. Villarroel Canga.


El 23 de noviembre de 2009, se efectuó en el Museo Nacional Aeronáutico y del Espacio la ceremonia conmemorativa de la llegada de los Douglas B-26 “Invader” a nuestro país. Esta iniciativa estuvo patrocinada por el Instituto de Investigaciones Histórico-Aeronáuticas de Chile (IIHACh), con el apoyo directo de algunos socios investigadores.


Linea de vuelo en Cerro Moreno, marzo de 1958, resalta con su insignia el B-26C Nº 819 apodado "El Jote".


GÉNESIS
El arribo de los primeros ocho aparatos a la base aérea de Cerro Moreno se verificó el 15 de noviembre de 1954, como quedó establecido en el Informe de Memoria Anual de la Misión Aérea Norteamericana (M.A.N.A.) correspondiente a ese año. Con posterioridad (3 de diciembre) se recibieron otros dos aviones, completándose así la cuota de diez aeronaves asignada por el P.A.M. que conformó la primera partida.
Estos primeros B-26 eran todos modelo “C”, vale decir con nariz transparente de plexiglás, configuración que permitía la instalación de la mira Norden para el bombardeo desde alturas medias. Los nuevos aviones fueron asignados al Grupo de Aviación Nº 8 asentado en Cerro Moreno, emplazamiento que por esa época comenzaba a llenarse de vida, crecimiento y actividad aérea, principalmente con personal trasladado desde Quintero.
Con posterioridad el Grupo N° 8 recibió tres remesas adicionales (1957, 1958 y 1960), con las cuales la FACh completó un total nominal de 38 unidades. En dichos envíos posteriores, también fueron recepcionados cuatro Invader modelo TB-26B (N° 837, 838, 848 y 849), de nariz sólida, siendo estos últimos aparatos de doble comando para entrenamiento y/o remolcadores de blancos (Tow Target), los cuales fueron más conocidos como “Mangueros”.

PRECEDENTES E HISTORIA

Ahora bien, es necesario precisar que antes de la llegada de los B-26, el Grupo N° 8 operaba en la Base Aérea de Quintero desde octubre de 1947 (inicialmente como Grupo de Bombardeo Pesado Nº 1), fecha en la cual se incorporaron a la FACh 11 bombarderos B-25J “Mitchell”. Más, al producirse la recepción de los B-26 en Cerro Moreno tan solo quedaban en servicio 3 B-25J los cuales también fueron trasladados hacia el norte, cumpliendo por breve tiempo labores de instrucción y enlace.
En febrero de 1955 se produjo el arribo a Cerro Moreno de un cuadrimotor Douglas C-54 que traía a la Unidad Móvil de Entrenamiento (MTU), perteneciente al Comando de Entrenamiento Aéreo de la USAF (Air Training Command). Al mando de este equipo de instructores estaba el veterano de Corea capitán Ruben Arnold, quienes iniciaron prontamente cursos de mecánica, armamento y electricidad a la dotación de oficiales y suboficiales que se harían cargo de la operación de los nuevos bombarderos. En paralelo se encontraban ya en la base los comandantes de escuadrilla Edilio del Campo Th., Roberto Araos T. y el capitán de bandada Antón Bakx B., oficiales que habían efectuado cursos de vuelo y de combate en Estados Unidos (Vance AFB) y que ahora, en calidad de Instructores, iniciaban los cursos respectivos a 17 oficiales incluyendo al comandante del Grupo N° 8, Carlos Emilio Guerraty Villalobos.
La culminación de todo ese disciplinado esfuerzo se llevó a cabo el 28 de mayo de 1955 (diez días antes de lo planificado), con la entrega de certificados, ceremonia solemne que contó con la presencia del entonces Comandante en Jefe de la FACh General Armando Ortiz R.


Tres días después de la memorable ocasión, el capitán Arnold y sus hombres remontaron el vuelo hacia Colombia (Base Aérea de Palanquero), para realizar idéntica misión ya que ese país también comenzaba a recibir aviones B-26. El broche de oro para el referido primer curso y en particular para el año 1955, fue el vuelo en formación de los 10 bombarderos hasta la capital y su subsiguiente y formidable presentación sobre la elipse del Parque Cousiño con motivo del tradicional homenaje a las Glorias del Ejército de Chile.


Los Cerrillos, 19/9/1955, Jefe de Máquina avión N° 819 sgto. 2º (méc.) Emilio Villarroel O., junto al sgto. 1º (rad.) Juan Montenegro H., luego de la presentación aérea en el Parque Cousiño.

Al año siguiente (1956) el Alto Mando dispuso la realización del primer vuelo de largo alcance o raid hacia la zona austral, de manera de probar las capacidades técnicas de los aviones y el grado de alistamiento de pilotos y mecánicos. Dicha misión se cumplió a cabalidad a fines de noviembre, lance en el cual el mismo comandante Guerraty lideró la formación de 7 bombarderos que volaron hasta Punta Arenas, haciendo escala en Los Cerrillos. El regreso hasta Cerro Moreno requirió de un sacrificio extra, ya que se realizó en vuelo directo, empleando los estanques auxiliares instalados en la bodega porta bombas (tipo Ferry de 675 Galones). La travesía les tomó nueve y media largas horas de vuelo, pero como contrapartida demostró el alto grado de preparación y respuesta de todo el personal del Grupo Nº 8.
El 3 de septiembre de 1957 la orgullosa unidad se tiñó de luto y gloria a un mismo tiempo; se produce el primer accidente fatal tras incendiarse y estrellarse el Invader N° 826. Los aviadores mártires de esta tragedia fueron el subteniente John Wall H. y el mecánico cabo Domingo García B. Después del aterrizaje de emergencia, el subteniente Wall, quien al percatarse de la ausencia de su camarada regresó al siniestrado avión para rescatarlo, desinteresada decisión que le costaría la vida producto de quemaduras sufridas al incendiarse el bimotor. En atención a esta heróica actuación, la FACh le entregó en forma póstuma la “Medalla al Valor”.
En agosto 1958 se producen los extremadamente conflictivos sucesos del “Islote Snipe”, dicha situación determinó que el Grupo N° 8 y sus Invader debieron asumir la afrenta a nuestra soberanía y el envío inmediato a Punta Arenas de diferentes y múltiples bandadas de bombarderos B-26. Así, gracias a la permanente presencia de los Invader en el área comprometida, se ejerció una gran acción disuasiva que sin duda alguna influyó en el positivo desenlace del delicado incidente.

Base Aérea de Chabunco, septiembre de 1958.
 


REFUERZO DE ALAS Y EL CAMBIO DE ROL

El año 1963 trajo cierto grado de alarma al Grupo N° 8, ya que informes de campo provenientes de Vietnam indicaban que algunos B-26 habían sufrido el desprendimiento de parte de las alas durante misiones de combate, y que el análisis de los restos apuntaba a fatigas de material. Por esta razón los Invader chilenos acogiéndose al programa “Wing Spar”, debieron ser enviados en vuelo hasta la base Albrook en Panamá para reforzar sus alas, específicamente sus dos vigas que soportan toda la carga alar de estos aviones.
Esta misión se inició el 14 de diciembre de 1964, con el despegue de la primera bandada que estuvo liderada por el comandante de grupo Roberto Araos T., concluyendo este programa a principios de septiembre de 1965, cuando regresaron a nuestro país los últimos aviones enviados que totalizaron de 18, estando a la fecha el Grupo N° 8 a cargo del comandante Eduardo Sepúlveda M.
Al año siguiente, el marzo de 1966 se dio comienzo a la aplicación del proyecto “Gun Nose”, dirigido por el ingeniero aeronáutico comandante de escuadrilla Agustín Beltrami V., quien estuvo asesorado por tres consejeros técnicos estadounidenses.
El objetivo de este proyecto, era el de modificar la capacidad de fuego artillero de los B-26, instalando una nariz sólida con 6 ametralladoras calibre 50 en la proa, pero suprimiendo las torrecillas ventral y dorsal. Cabe señalar que la flota de Invader en esa época estaba constituida por 17 aparatos, pero los estadounidenses suplementaron kits para modificar solamente 8 bombarderos. Este proyecto pensado para labores de contra insurgencia (COIN), concluyó los primeros meses de 1968, debido a que también se efectuó una completa renovación y mejora en la parte eléctrica e instrumental de toda la flota, además de transformar un avión a doble comando y otro en manguero.

LA HORA DEL RETIRO

Los efectos de la corrosión y la falta de repuestos debido a la ausencia de apoyo del P.A.M., determinaron el retiro del servicio de estos nobles aviones. De tal modo, el 31 de enero de 1973 se dieron de baja los últimos 5 Invader sobrevivientes del otrora poderoso Grupo Nº 8. Aún así, el último vuelo oficial de estos aviones se verificó el 21 de marzo de ese mismo año, con ocasión del 43º aniversario de la FACh. En la oportunidad, una bandada de tres B-26 que incluyó al Nº 840, y que hoy forma parte de la colección del museo, sobrevolaron la base de Cerro Moreno en despedida a sus gloriosos años de servicios en la FACh.

Último vuelo oficial de los B-26, Cerro Moreno, marzo de 1973.
Terminada la ceremonia, los B-26 Nº 840, 842, 846 y 849 los cuales aún tenían algunas horas remanentes, fueron traídos en vuelo en dos grupos a la base aérea de El Bosque. En ambos viajes, realizados el 21 y 25 de marzo, los elementos fueron liderados por el comandante de escuadrilla Carlos Espinace B. Uno de estos bombarderos se entregó a la Escuela de Aviación, otro fue dejado en el Ala de Mantenimiento, y los dos restantes se entregaron a la Escuela de Especialidades para servir de ayuda a la instrucción de los alumnos de dicho plantel.

Cerro Moreno, 21 de marzo de 1973, en vuelo los Invader Nº 840 y 846.
Sin embargo, seis meses después la severa contingencia política y social en la que estaba envuelto nuestro país, determinó nuevamente llamar desde su bien ganado retiro a los veteranos bimotores. Entre septiembre de 1973 y principios de enero de 1974 los B-26 Nº 840 y 846 realizaron vuelos de patrullaje y control del espacio aéreo, desplazándose tan al norte como La Serena y por el sur hasta alcanzar la ciudad de Concepción.
Tras 18 años de operación en Chile, 10 oficiales y 9 suboficiales dieron sus vidas en accidentes tripulando un Douglas B-26. A todos esos tripulantes de aire y tierra, y a quienes aún existiendo entre nosotros viven el triste olvido, estuvo dedicada esta conmemoración de la llegada de los B-26.

PALABRAS FINALES

La ceremonia estuvo presidida por Don Sergio Barriga K. (presidente del IIHACh), contando con la presencia del General de Aviación Don Jorge Rojas A. en representación del Alto Mando de la FACh y del Director del MNAE General de Aviación Don Ricardo Gutiérrez A.
Honraron también el acto con su presencia, los ex comandantes en jefe de la FACh; Generales Carlos Guerraty V., Ramón Vega H. y Fernando Rojas V.
También asistieron varios ex-pilotos y tripulantes que sirvieron con el Invader; delegaciones de la Escuela de Aviación, Escuela de Especialidades, Agrupación Escuadrilla Mitchell y del Círculo de Amigos de Cerro Moreno.

Tras las palabras iniciales del presidente, tuvo lugar la emotiva entrega de una bitácora de vuelo de Invader genuina al MNAE. Enseguida vino la alocución del comandante Armando Ruiz T., uno de los últimos pilotos en volar B-26 en Chile. El broche final fue la presentación de la reseña histórica (preparada por los socios Danilo Villarroel C. y Anselmo Aguilar U.), compuesta por la lectura de los hechos ya presentados más arriba, y por una proyección fotográfica simultánea en formato PowerPoint (tomada de los archivos del socio Sr. Villarroel), que deleitó a los presentes.

Aviadores; G. Hermosilla, C. Michea, R. Arnés, D. Villarroel y L. Caballero.
Aviadores; M. Lagos, R. San Martin y General R. Gutiérrez.
Después se sirvió un café a los asistentes, para finalizar con una festiva sesión de fotos.

25 de enero de 2010.

lunes, 25 de febrero de 2008

¿Conoce este esquema?


¿No?, bueno este corresponde al B-26C FACh 832 transformado a modelo B durante el programa "Gun Nose". El esquema de camuflaje es de principios de la década de los '70 y está en concordancia con las tensiones limitrofes con Perú -más frecuentes en la época- acorde a dicha situación es la reducción del tamaño de la matrícula del aparato. Más detalles y mejor resolución disponibles en la monografia del Douglas B-26 Invader en la FACh.

Visitantes especiales en Cerro Moreno (2)


Hermosa vista del Neptune P2V-7S (s/n148354) durante la UNITAS IV realizada en Chile del 5 al 29 de octubre de 1963. Posado placidamente en Cerro Moreno, el Neptune está acompañado por uno de los C-45 Expeditor de enlace del Grupo 8 y más atrás se aprecia un B-26C de la misma unidad.

Al costado del P2V se ve su relajada tripulación tomando el sol a la espera de su próxima misión. Luce un esquema "de transición" en gris marino extra oscuro con el lomo del fuselaje en blanco insignia. En la punta de color blanco de su cola se lee UNITAS y bajo la canopia, sobre el numeral 12 este Neptune (un SP-2H del VP-18 NAS Jacksonville de Florida) luce una pequeña bandera chilena, notese la radoma ventral y el largo carenado caudal para alojar el MAD, más los jet boosters... interesante sujeto para maquetear, ¿no lo cree?